Por mas que las encuestas pongan al Presidente en un nivel alto de popularidad, sus acciones no alcanzan para la trasformación que pretende.

*Marco Antonio Durán

Diversas encuestas de popularidad ubican al presidente, Andrés Manuel López Obrador en los niveles más altos y no baja de una aprobación del 60 por ciento, incluso algunos medios internacionales le dan un segundo lugar a nivel mundial.

No obstante, aún es menor de la que tenía Vicente Fox tras su tercer año de gobierno, porque una cosa es que la encuestas hablen del carisma y personalidad que refleja un político y otra que aprueben las medidas económicas, el manejo de la justicia social y administración política de un gobierno.

La población en México piensa que la lucha contra la corrupción y desigualdad económica que ha abanderado el Presidente desde su trinchera política hace muchos años, le favorecen y otorgan la suficiente calidad moral para que todos los días interprete a su manera la injusticia social, tratando de imponer su particular forma de pensar.

Lo mismo le da denigrar a la clase media, insultar a académicos, a ricos y empresarios que despreciar la labor de periodistas o amenazar a jueces y oponentes políticos. La honestidad le pertenece y él decide quienes lo son y quienes no.

Se olvida que una sociedad se cansa cuando las promesas no se cumplen, cuando se habla de defender pobres, enfrentar la corrupción y la violencia, pero en los hechos sea otra cosa.

Escándalos de sus allegados sobre corrupción sobran, la violencia que pone al país en los últimos lugares en el mundo, la sobremortalidad por efectos de la pandemia, el continuo deterioro económico de los mexicanos, la falta de medicamentos y un sistema de salud endeble.

El Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, por ejemplo, reveló que, en 2020, México ocupó por cuarto año consecutivo la primera posición en el ranking mundial como el país más violento por homicidios y pone a siete ciudades como las más peligrosas. Destacan Celaya, Tijuana, Ciudad Juárez, Ciudad Obregón, Irapuato, Ensenada y Uruapan, todas ellas incluso por arriba de ciudades en Brasil, África o países en guerra. 

Qué decir de las víctimas de la pandemia en donde estiman que van 600 mil o la mortalidad por falta de medicamentos y quimios para niños y mujeres.

Pero quizás lo más grave, es la cada vez evidente pobreza de la población por caída del ingreso, falta de empleos y encarecimiento de los bienes y servicios por efectos de la crisis que vive el mundo ante el rompimiento en la cadena de suministros.

Se pude uno acostumbrar a todo, menos el no comer 

En efecto, el pueblo bueno al que se refiere López Obrador ya se cansó, así reflejan las mismas encuestas que lo aplauden y que dicen no estar de acuerdo en la manera en que el gobierno aplica las medidas económicas y de justicia y es que solo se resuelven siete casos de cada 100 asesinatos.

En materia económica, la precarización del mercado laboral es cada vez más alarmante, casi 4 de cada 10 trabajadores ocupados en México gana entre uno y dos salarios mínimos (142 – 283 pesos diarios). Los datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) revela que más de 19 y medio millones de trabajadores son los que se encuentran en esta situación.

De la información se desprende además que 14.2 millones — 26 por ciento—, ganan un salario mínimo y que dos terceras partes de los trabajadores en México, es decir 61 por ciento apenas gana para sobrevivir, lo que significa menos de 300 pesos diarios.

Lo anterior revela que, si bien se han recuperados empleos y que se han generado nuevos, lo cierto es que ahora son de menor ingreso. 

La información oficial reporta que para diciembre de 2018 había cuatro millones menos o sea 15 millones que ganaban entre uno y dos salaros mínimos y ahora son 19.5 millones.

Por el contrario, los que ganan entre tres y cinco salarios mínimos hoy suman 3.4 millones y a fines de 2018 eran 7 millones, es decir el doble. Del mismo modo los que ganan ahora más de 5 salarios mínimos suman 1.1 millones y al inicio de este sexenio eran 2.5 millones.

La conclusión es que la mayor demanda de empleos deteriora el nivel de ingreso, pero también es la política de austeridad que ha dictado este gobierno bajando salarios en el gobierno con repercusiones de ajuste en otros sectores.

Es menester aclarar que cada año se incorporan al mercado laboral 1.2 millones de jóvenes, los que por alguna razón dejaron la escuela y prefirieron iniciar en un trabajo o los que concluyeron su formación académica.

Imposible que un país como México, absorba el total de la fuerza laboral nueva cada año, por lo que se estima que de ese total el 60 por ciento (720 mil) se ocupa y que encuentra un lugar en la informalidad, unos 200 mil emigran a Estados Unidos en busca de una oportunidad y el resto no encuentra un lugar o se diluye en crimen organizado.

Con esos problemas en el país, no alcanza para el movimiento que ha emprendido este gobierno, si acaso sirven las encuestas para aprobar la gracia y personalidad del presidente, pero no toda una transformación como pretende.

*Doctor en Ciencias económicas por el IPN y la Universidad Autónoma Chapingo; es profesor investigador, autor de los libros: Los depredadores, Plantea y Análisis de la Macroeconomía y del Sector Externo de México, Universidad de Humboldt, Alemania; Complutense, Madrid, España. Ha escrito infinidad de artículos para revistas especializadas, miembro del SNI. Correo electrónico mardur6@hotmail.com