Por: Christian Vaslaf Santacruz Montealegre

Clase política 

Layda Sansores, Gobernadora de Campeche, Renato Sales ex titular de la Comisión Nacional de Seguridad en el gobierno de Enrique Peña Nieto, y Alejandro Moreno Cárdenas, son la viva representación de la clase política más podrida del país. En primera instancia la Gobernadora, porque utilizando instrumentos de espionaje que fueron sustraídos durante el gobierno de Peña Nieto se dedica a realizar actos de espionaje para fines políticos.

En segunda instancia, Renato Sales, actual Fiscal General del Estado de Campeche, por ser quien sustrajo de la Comisión de Seguridad los instrumentos para realizar espionaje para fines de persecución política, y me refiero a un programa de espionaje, de procedencia israelí. Y por último, pero no por eso menos importante, Alejandro Moreno Cárdenas, quien últimamente ha sido protagonista de múltiples escándalos por corrupción, así como por haber expresado que había que matar de hambre a los periodistas.

Empiezo por el último, este es el momento preciso en que el PRI y sus cuadros más excelsos en un acto de sensatez, si es que de verdad anhelan un México más democrático, debieran exigir la renuncia de Alejandro Moreno a la dirigencia nacional del PRI. No es posible que alguien que actualmente está viviendo del erario público, que dirige los destinos de un instituto político, pero que además, en conjunto con sus colaboradores marca la pauta de gobierno de un ente político democrático que pretende influir en la vida de millones de mexicanos, pueda seguir sosteniéndose en tan alta responsabilidad. El vituperio en contra de los periodistas, en un clima de violencia dirigida hacia ellos, a partir del uso de las carencias económicas de los integrantes de la prensa para ejercer presión, es inadmisible en un país que se ostenta por haber alcanzado poco más de la juventud democrática. 

No es posible que las dirigencias estatales del PRI, así como sus bancadas en el Congreso de la Unión hayan salido a solidarizarse con “Alito” Cárdenas, alegando que dicha exposición fue por actos de corrupción, pasando por alto las corruptelas y deseos de violencia hacia la prensa de parte de su dirigente. 

No cabe duda, que si están desviando la atención de lo que debiera tener consecuencias, es porque están entonces coludidos y son iguales, por tanto son basura de la clase política, que no debiera ser reciclada. 

Si bien es cierto que los audios se presumen como resultado de un acto de corrupción, también lo es que el dirigente del PRI, con sus acciones representa a esa clase política que ha hundido al país, lo que trajo como consecuencia la llegada de analfabetas, y aspirantes a dictadores al poder. Por gente como Moreno Cárdenas, el país está sumido en el despeñadero del que tanto hablaron los políticos. Para aquellos que hablan de congruencia y honestidad (más ahora en periodo electoral) debieran dar un paso al frente para deslindarse de la paria política que los representa, o si no tendrán que correr con la misma suerte de su dirigente. 

Para el caso de Layda Sansores, es claro que la 4T sólo recicla fruta podrida de los anteriores gobiernos, es decir, son la misma porquería. Es claro que no existe una nueva clase política, que esté exenta de actos de corrupción. Tal vez tenía razón Peña Nieto cuando asoció a la corrupción con la cultura propia del mexicano. Lo que queda claro, es que la 4T no solo se colude con aquellos de los que reniegan, también le entra a la corrupción para sus propios fines. Pero sobre todo, hace uso de las instituciones para perseguir políticamente a sus adversarios, no obstante de violar los pactos de honestidad que han hecho con el pueblo bueno, que no lee y que no sabe lo que en realidad sucede. 

De Renato Sales, lo que puede suponer es que pudo más un buen arreglo que un buen pleito. Más vale estar con los que gobiernan y salvar su pellejo, por la impunidad ofrecida, que estar bajo proceso. En conclusión, es pan con lo mismo.