Por: Christian Vaslaf Santacruz Montealegre

Fiel al estilo del personaje de Miguel de Cervantes Saavedra, el Presidente López Obrador semeja ser el Quijote de la mancha, quien emprendió una batalla con molinos de vientos, en tal condición el Presidente Mexicano ha logrado pacificar al país.

La empresa iniciada para pacificar al país nos cuesta muy caro a los mexicanos, y no me refiero a lo que cuesta contener ese fenómeno delictivo en dinero.

López Obrador gobierna y vive en un país con plena paz ficticia, tan solo en marzo de este 2022, fueron asesinadas 120 personas al día. Más de 132 mil personas desde el primer día del 2019 han sido masacradas, superando con creces las cifras del periodo de Felipe Calderón, el cual es conocido por todos por protagonizar una guerra contra el narcotráfico.

No obstante a lo anterior, el presidente de México, sigue en la terquedad de no combatir a los delincuentes porque es muy humano.

Para López Obrador es un tema de justicia, la cual consiste en proteger la vida de todos, aún de los delincuentes, los cuales no eligieron cometer conductas antisociales. ¿Pero quien protege a los ciudadanos víctimas de la delincuencia?

Al parecer el presidente de México no ha comprendido que precisamente eso que pregona hacia los delincuentes es lo que exigen los mexicanos, Justicia. En un país donde la impunidad es superior al 90%, el conceder amnistía al crimen organizado es un cheque en blanco para que estos destruyan al país, no solo económica o socialmente, sino también destruir la esperanza y los valores de las nuevas generaciones. Por tal motivo, cada vez menos personas acuden a alguna fiscalía para denunciar un delito, porque saben que no va a suceder nada.

El que se muestre un video donde el ejército aparece huyendo del crimen organizado es un mal mensaje para las nuevas generaciones, porque denota debilidad del estado como si se tratara de servidumbre del crimen organizado.

Lo cual romantiza a la delincuencia, que no nos sorprenda que más adelante las generaciones jóvenes anhelen pasar a formar parte de la delincuencia, porque esa es la que siempre gana en un estado sumiso a ella.

Por lo anterior, mientras que López Obrador se regodea hablando de justicia, a su alrededor los mexicanos vivimos en una plena injusticia. Para el jurisconsulto Ulpiano, Justicia era darle a cada quien lo que le corresponde, en tanto que para Hans Kelsen, la justicia es una característica de un orden social, en donde lo que es justo para uno es injusto para el otro.

Pero para López Obrador es al revés, justicia equivale a permitir que la impunidad crezca y que los que han tomado la decisión de delinquir lo hagan aún a costa de los inocentes, porque lo que impera en estos tiempos en México es un desorden social.