Es inversión no gasto; sociedad que no exige; sindicatos y maestros que controlan

Marco Antonio Durán Ruvalcaba*

El activo más grande que tiene un  país, sin duda es su gente y el conocimiento que pueda acumular. Por tanto, la mejor inversión que puede hacer un gobierno es en educación, ciencia y tecnología. Ambos componentes darán bienestar, desarrollo, crecimiento económico y estabilidad social de largo plazo.

Hoy China es uno de los países con el mayor desarrollo académico y tecnológico, el que va a la vanguardia en inteligencia artificial en el mundo. No es producto de la casualidad, la educación a gran escala, comenzó hace poco más de cuatro décadas (1977). El objetivo fue claro: reestablecer el sistema educativo paralizado por Mao Zedong, para dar pie a una educación con fundamentos científicos e inculcando los más altos valores humanos sin olvidar origen y cultura.

Para dar una idea del avance educativo, 45 años después China gradúa cada año más ingenieros que todos los que el mundo titula en el mismo lapso.

A unos días de celebrado el día del maestro, debemos reconocer que uno de los grandes problemas estructurales que tiene México es la educación.

Estructural se entiende que es un problema que solo se resuelve en el muy largo plazo. En el caso mexicano, si se aplicara una reforma real de forma inmediata y se aprobara con el compromiso del gobierno, sector académico, científico y social, por lo menos se llevaría 30 años en salir del rezago, cuatro generaciones para poder llegar a similar nivel que economías desarrolladas.

Difícil aceptar pero necesario reconocer lo antes posible la situación de alta vulnerabilidad en la que se encuentra México y los mexicanos. Hoy la educación es deficiente, cara, de mala calidad en el aprendizaje y sin apego a principios y valores elementales.

El último dato (2018) del Programa de Evaluación Internacional de Alumnos (PISA) que se aplica cada tres años en los 79 países miembros de la OCDE es revelador y preocupante; México ocupó el penúltimo lugar en el desempeño por estudiantes en las áreas de lectura, matemáticas y ciencias entre alumnos de nivel secundario básico. Lo peor es que la situación se repite desde hace 30 años, poniendo invariablemente a México en los últimos lugares.

¿Cómo se llegó a tan caótica situación?

Las respuestas sin duda son el bajo presupuesto, desaparición de programas y apoyos a estudiantes, como escuelas de tiempo completo, atención a educación indígena, expansión a educación superior, valuación a la calidad de la educación, programas de reconstrucción, etc.

Cada año en lugar de aumentar los recursos para la educación estos disminuyen. El presupuesto aprobado en el Congreso para la enseñanza en 2022 fue por 883 mil 929.7 millones de pesos, sin embargo los datos indican que es el segundo más bajo desde 2014.

El presupuesto en Educación ha mostrado una baja consistente en términos de PIB respecto al ejercido en periodo que va de 2010 a 2016. En 2021 representó sólo 3.3% del PIB de acuerdo a los datos del Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF), es decir, unos 859 mil 500 millones de pesos. Dicha cantidad dista mucho del ocho por ciento requerido y establecido en la Ley General de Educación (LEG).

Al bajo presupuesto en educación, se agrega la asignación insignificante a ciencia y tecnología, a la que apenas se entregan recursos por 0.3 por ciento del PIB.

Mientras el 98 por ciento del gasto en educación se destina al pago de la nómina de maestro, la calidad de la enseñanza no está sujeta a evaluación alguna. La rendición de cuentas prácticamente no existe.

No hay forma de obligar a profesores para que alumnos cumplan con un mínimo de aprovechamiento, tampoco la posibilidad de despedir o sancionar por incumplimiento o bajo nivel de la enseñanza.

Una sociedad que simplemente no exige; sindicatos que controlan plazas, manejan nómina a discreción, solapan a aviadores, signan convenios, se heredan puestos, y comisionan a personas para cubrir cuotas sindicales.

La vieja infraestructura que existe, falta de programas nuevos, acceso y uso de tecnologías para una mejor enseñanza son otro problema. En muchos casos, los centros educativos tienen un deterioro de años o adolecen de servicios adecuados; instalaciones sin internet o bibliotecas virtuales que faciliten la educación.

Gobiernos van y vienen pero ninguno entiende la diferencia entre gasto e inversión. El gasto en programas sociales por ejemplo: sembrando vida, construyendo el futuro, becas a estudiantes, etc., tienen un efecto limitado; por el contrario, la inversión en conocimiento tiene un efecto multiplicador, por cada peso invertido tendrá un retorno infinito e invaluable.

El resultado ante tal desinterés en la educación, es devastador: Según Coneval en dos años del gobierno actual, el rezago educativo afectó a 872 mil alumnos o 02 por ciento del total.

Los datos muestran un total de 24.4 millones de estudiantes con perjuicio, es decir, mexicanos de entre 3 y 21 años, que no cuentan con la educación obligatoria y no asisten a un centro de educación formal. Además el último censo de 2020, INEGI, contabilizó unos 4.5 millones de analfabetas, esto es el 4.7 de la población total. La mayoría se encuentran en Chiapas, Veracruz y Edomex.

De acuerdo con el Banco Mundial, la pandemia ha dejado un rezago de dos años educativos para casi 10 millones de estudiantes por el cierre de escuelas o la ausencia de estudiantes que desertaron.

Se estima que 367 mil alumnos abandonaron la escuela en los últimos años y que el 8 por ciento de estudiantes egresados de la secundaria ya no continuaron a la preparatoria.

Los datos oficiales de INEGI señalan que el nivel promedio de educación de la población es de 9.7 grados —secundaria prácticamente—, pero para 10 millones de personas serán dos grados menos, esto es de primero de secundaria.

De acuerdo con INEGI, la crisis económica, falta de dinero y la pandemia han dejado entre 2020 y 2021, a 8.8 millones de estudiantes fuera del sistema educativo. Alumnos entre 3 y 29 años, dejaron de asistir a las escuelas. La encuesta reveló que 1.8 millones de alumnos no concluyeron el ciclo escolar anterior (2019-2020) y que 6 de cada 10 afectados dijo haber abandonado la escuela para resguardarse del COVID 19, en tanto que el 8.9 por ciento dejó de ir por falta de dinero.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) estima que el costo del rezago educativo es irreversible y doloroso para México. El efecto para los próximos 80 años será de 136 por ciento del PIB, significa casi dos puntos porcentuales por año, algo así como el equivalente al gasto total ejercido por la Secretaría de Educación Pública (SEP) en 2019: IMCO.

*Maestro y Doctor en Ciencias económicas por el IPN y la Universidad Autónoma Chapingo; es profesor investigador, coautor de los libros: Los depredadores, Plantea, 2017 y Análisis de la Macroeconomía y del Sector Externo de México, Universidad de Humboldt, Alemania; Complutense, Madrid, España, 2018. Ha escrito infinidad de artículos para revistas especializadas, miembro del SNI. Correo electrónico mardur6@hotmail.com