Aumentos al salario insuficientes para detener la pérdida del poder de compra; 4 de cada 10 mexicanos no pueden adquirir con su ingreso la canasta alimentaria.

Marco Antonio Durán Ruvalcaba*

En estos últimos meses, quizás tres años, los mexicanos han visto que el dinero que destina en comida, vestido, artículos de limpieza, salud, transporte u otros bienes y servicios, no alcanza. Se gasta más para poder tener los mismos productos que se compraban hace tres años.

Es muy común escuchar a vecinos, compañeros, amigos o familiares decir: hoy compré menos comida que hace un mes o la semana anterior, con el mismo dinero.

No importa cuánto haya subido el salario ni cuánto se presuma que en tres años ha aumentado 68 por ciento, es decir pasar de 102.7 pesos diarios el mínimo en 2019 a 172.9 en 2022.

A eso se le llama pérdida del poder de compra, se puede decir también que el dinero se hizo menos, empequeñeció, achicó, encogió o bien que la inflación se ha comido su trabajo, su esfuerzo o su tiempo.

De lo que se trata según el mandato constitucional: el Banco de México —banco del gobierno— tiene la obligación expedita de mantener el poder adquisitivo de la moneda nacional. Sin embargo, vemos como al paso del tiempo el valor del dinero se deteriora y no hay forma de resarcir su valor.

Haciendo un ejercicio simple para deflactar, es decir, corregir el valor de la unidad monetaria mexicana —peso— una vez descontado el efecto inflacionario general, el resultado es desalentador.

Veamos: si tomamos el valor de la moneda igual a 100 centavos en 2018, es decir, a partir de la llegada de esta administración; hoy día esa misma unidad (peso) sólo vale 84 centavos. Significa en términos llanos que el valor perdido de la moneda mexicana es de 16 centavos, casi una quinta parte de su poder de compra.

Y si hacemos el ejercicio considerando sólo el deflactor del índice para medir el aumento en alimentos que calcula el INEGI, entonces ese peso de 2018 sólo vale 68 centavos en julio de 2022, algo así como 32 centavos menos. Significa que hoy habría perdido ese peso una tercera parte de su valor únicamente en la compra de comida.

No olvide que el salario está en función de las horas trabajadas, por tanto, su dinero está representado en tiempo y si ese dinero vale menos, entonces usted o trabaja más, realiza más esfuerzos, se vuelve más productivo para reponer ese tiempo y aumentar su ingreso perdido o de plano trabaja lo mismo, pero se vuelve más pobre. Así de simple.

Todos coincidimos y se ha dicho que quien pierde con este fenómeno es el trabajador, porque disminuye su poder adquisitivo, el bienestar económico general de él y su familia.

Pero, ¿entonces quién gana con la inflación?

Desde luego gana quien tiene una deuda contratada en el pasado, porque ahora pagará menos en términos reales por su crédito. Hoy el dinero vale menos que antes. Gana el gobierno porque también es deudor y además gana por la recaudación de impuestos. Además, emite dinero a un precio que luego recoge con menor valor.

Explico, el exceso de dinero que envía al mercado el gobierno para que circule, aumenta la especulación, eleva los precios de los bienes y servicio, provoca desahorro y abarata mano de obra.

¿Y cómo es eso?

Si hay mucho dinero circulando en una economía (país) y menos bienes en el mercado, habrá una persona que estará dispuesta a pagar más para comprar el producto, pero si otro tiene necesidad del mismo producto, ofrecerá una cantidad mayor y así sucesivamente. De forma inversa el vendedor ofrecerá su producto a quien esté dispuesto a pagar más caro por él, creando de esa forma un proceso inflacionario.

Hay que entender que el gobierno a través el banco central (Banxico) emite dinero, dinero que se distribuye o dispersa entre el público y la forma más común de hacerlo, es mediante el pago de salario a maestros, médicos, policías, militares; becas u obras que hacen los particulares y por las cuales paga el gobierno. Significa entonces que paga por sus servicios 84 centavos de cada cien y 16 son la pérdida de ese valor.

En resumen, el trabajo es manipulado por el dinero creado artificialmente, es decir, capital que no existe. Regatea el trabajo de las personas, porque no compensa con el aumento al salario la pérdida de su ingreso por la inflación.

Suena complicado, pero no lo es tanto. El estado tiene el monopolio del dinero y es quien emite y recoge, para ello se vale de las tasas de interés y los impuestos.

Para entender un poco mejor cómo pierde poder de compra el trabajador usaremos lo que el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) define como la “canasta alimentaria”.

No confundir, esta no se refiere a la canasta básica que mide la inflación y que es elaborada por INEGI. Este es otro tipo de concepto, el cual calcula el valor mínimo de un conjunto de alimentos que equivale al costo de la canasta alimentaria por persona cada mes ya sea urbana o rural.

El valor de esta canasta sólo sirve para definir si un individuo con el ingreso que gana, logra pagar esos artículos; es decir, construir la línea de bienestar mínimo de las personas; saber si ésta en pobreza o pobreza extrema.

Una forma real de medir la pérdida del poder de compra es analizando la canasta alimentaria + la no alimentaria y el ingreso; la cual según CONEVAL tenía en enero de 2019 (nivel prepandemia), un costo de 2 mil 407 la rural y 2 mil 927 la urbana, mientras que para julio de 2022 el valor estimado fue de 2 mil 928.5 la rural y 4 mil 105.1 pesos la urbana, es decir, un aumento en el periodo comprendido de 21.7 y 40.2 por ciento en cada caso.

Lo anterior significa que para comprar lo mismo que en 2019 las personas tendrían que pagar por esa canasta alimentaria casi un 40 por ciento más en 2022 para zonas urbanas o 22 por ciento en una rural; equivale a decir también que su poder de compra perdió valor en la misma proporción en el periodo comprendido.

En resumen, esto nos dice cuánto ingreso necesita una familia cada mes para vivir con bienestar: si son cuatro miembros por familia, se necesitarían 13 mil pesos en la zona rural y 16 mil quinientos en la urbana. El salario mínimo mensual es de 5 mil 255 pesos al mes o 173 pesos diarios.

De esta forma se establece que 4 de cada 10 persona mexicanas en 2019 estaban en pobreza laboral. Significa que su ingreso mensual resultaba insuficiente para comprar lo mínimo indispensable para su alimentación. Para 2022 este fenómeno sigue siendo el mismo, nada cambió, pese al virtuoso aumento que ha tenido el salario en esta administración.

Se concluye que por más aumentos que se otorgue al salario de las personas y por más que trabaje el individuo, el poder adquisitivo del salario sigue en deterioro.

Que no importa qué pactos haga el gobierno para contener la inflación, ni el gasto inútil en contener los precios de los combustibles, nada sirve, se necesitan medidas drásticas.

Las entidades con mayor porcentaje de pobreza laboral o personas que no logran comprar lo alimentos necesarios con su ingreso en el segundo trimestre 2022 fueron: Chiapas, Guerrero y Oaxaca con 65.3%, 61.0% y 60.4%, respectivamente. Mientras que las entidades con menor porcentaje de pobreza laboral fueron: Baja California Sur, Baja California y Nuevo León con 17.2%, 17.8% y 22.8%, respectivamente.

*Maestro y Doctor en Ciencias económicas por el IPN y la Universidad Autónoma Chapingo; es profesor investigador, coautor de los libros: Los depredadores, Plantea, 2017 y Análisis de la Macroeconomía y del Sector Externo de México, Universidad de Humboldt, Alemania; Complutense, Madrid, España, 2018. Ha escrito infinidad de artículos para revistas especializadas, miembro del SNI. Correo electrónico mardur6@hotmail.com