Desde el Centro

Por: Christian Vaslaf Santacruz Montealegre

Mientras que en el oficialismo prácticamente ya inició el proceso interno para elegir candidatos a gobernadores en Coahuila, Estado de México, y para la Presidencia de México, en la oposición aún están evaluando lo que les sucedió en las pasadas elecciones, además, aún están por ponerse de acuerdo en la viabilidad de las alianzas sea estas totales o parciales, o en ir solos, situación que los pone en rezago con respecto al partido oficial, quien aprovecha cualquier foro para promocionar a sus candidatos. 

Si la oposición quiere remontar del estado en que se encuentran deben considerar lo siguiente:

El tiempo apremia, están encima los tiempos para poder construir un escenario de acuerdo a los intereses de cada dirigente nacional de cada partido, de tal forma que requieren dejar de lado sus beneficios particulares en cuanto a la imposición de sus cuadros que más los favorecen. Y deben considerar que aun si lograran imponerse, deben tener en cuenta que sus cuadros lejos de sumar terminan restando, lo que les termina dejando perdidas electorales.

Por tal motivo, una elección primaria es lo que permitiría a la oposición colocar candidatos debidamente legitimados ante la sociedad, pero sobre todo con la fuerza necesaria para poder afrontar los retos que el oficialismo ha logrado imponer.

Las primarias debieran de ser desde la más humilde alcaldía, hasta la Presidencia de México, pasando por diputaciones locales, federales y senadurías. Es decir, la única opción de la oposición es abrir desde ahora un proceso de inscripción de posibles cuadros que puedan participar en las próximas elecciones, lo que les daría visibilidad ante el electorado, pero sobre todo les permitiría recorrer sus territorios so pretexto de este proceso abierto a la ciudadanía. Y no sería un proceso interno común, como los que todos conocemos, porque este no debiera ser exclusivo para cuadros de los partidos políticos. 

Entre las reglas que se debiera considerar, sería el de no denostar a los precandidatos contrarios, con la sanción de perder el registro de seguir en la contienda si es que así lo hiciere. Porque lo que más le interesa a la población no son las luchas intestinas del poder por el poder, si no lo que pueden ofrecer. De tal forma que las suciedades a las cuales están acostumbradas los dirigentes de los partidos políticos, estarían relegadas por estas reglas, lo que les evitaría influir en la designación de los posibles candidatos.

Es claro que los incompetentes que dirigen desde sus lujosas oficinas en la ciudad de México al PRI, PAN y el PRD no van a renunciar a sus respectivos cargos, y eso ya les quedó claro a los grupos internos contrarios a ellos, por tal motivo, la única oportunidad que tiene la oposición de crecer es realizar un ejercicio ciudadano que les permita sacudirse un poco la imagen que los ciudadanos tienen de ellos, sin ese ejercicio ciudadano difícilmente sus candidatos tendrán la legitimidad social necesaria.

Pero no solo se requiere abrir a la participación ciudadana los cargos de elección popular electos vía voto directo, sino también los cargos plurinominales, los cuales son asignados para amigos, amantes  y familiares cercanos a los dirigentes, que sin ningún respaldo social llegan a esas posiciones, representando únicamente sus propios intereses, para muestra hay que ver la composición actual de nuestro todavía Honorable Congreso de la Unión.

Si en verdad es legítimo su interés democrático por México, entonces no es tiempo de discutir la viabilidad de las alianzas, es claro que deben ir aliados en todo, lo que deben ponderar es como abrir el espacio para participar en las primarias sin que los dirigentes de partidos metan las manos en ellas, donde incluso el INE puede tener una participación fundamental en ello.