Aprobación en el Congreso de esta ley traerá mas perjuicios que beneficios a la economía.

Marco Antonio Durán Ruvalcaba*

La eliminación del horario de verano es una iniciativa aprobada la semana pasada en el Congreso. Es popular, pero traerá consecuencias económicas y sociales a México.

No es solo cambiar un sistema, cualquier medida debe tener un sustento científico, social o técnico que demuestre las causas de un posible daño o beneficio. En la discusión sobre el horario de verano uno de los argumentos fue: “nuestro reloj tiene un horario, el de Dios y en las dependencias, el horario neoliberal”.

Uno es una postura ideológica sobre una escuela del pensamiento económico y la otra es religiosa, ambos, no podrían soportar una discusión seria. Desde la implementación del horario de verano hace 25 años, es decir en 1996, la mayoría de la población se opuso por motivos que iban desde la perturbación del sueño, pasando por estrés y señalando un cambio por motivos meramente de interés público o extranjero, pero ninguno para la sociedad.

Se sostuvieron intensos debates con expertos nacionales y extranjeros, académicos, especialistas en temas de salud; ahorros de combustibles y medio ambiente, además de poner sobre la mesa las experiencias de otros países que utilizan los cambios.

Fueron meses de discusiones antes de llevar a votación la ejecución del sistema de cambio de horario. Tiempo, dinero y esfuerzo, que hoy bajo la óptica de los nuevos legisladores, fueron mal invertidos.

Nada concluyente en 25 años de implementado el programa. De acuerdo con la propia Cámara de Diputados y otros gobiernos se sostuvo con datos y cifras que se obtuvieron ahorros por miles de millones de kilowats/hora y en consecuencia millones de pesos. Con tales ahorros se demostró la contención de millones de toneladas en la emisión de contaminantes en apoyo al medio ambiente y a la salud de los mexicanos.

Sin embargo, expertos del Instituto para la Diversificación de la Energía (IDAE) en Europa, pudieron cuantificar un ahorro energético muy pequeño, gracias al mayor aprovechamiento de las horas de sol, dependiendo del lugar y los climas, no más de unos 200 pesos anuales por persona.

Y lo que sí se pudo demostrar son los efectos que repercuten en el ritmo circadiano de las personas con desajustes al sueño entre cada periodo, que terminan en alteraciones del estrés y que llevan a desarrollar otros padecimientos físicos.

Otras explicaciones sobre las ventajas: la mejor posición para los negocios y el intercambio comercial logrado con otros países en Asía, Europa, y Norte América —80 por ciento de las exportaciones se hacen con EEUU—. Sincronización con los mercados financieros internacionales.

El sector turístico, muy importante en la prestación de servicio, por el mayor y mejor aprovechamiento de la luz del día en la oferta de destinos para paseantes, reducción de la inseguridad pública. Una mayor estancia de la población en la calle para el ejercicio y el disfrute de actividades al aire libre y en actos culturales, con efectos positivos en la economía de los negocios.

En la decisión y cambio de horario los expertos también olvidaron a las nuevas generaciones, es decir, los que han vivido y crecidos con los cambios de horario, ellos ya están acostumbrados y el argumento dentro otros 25 años será el efecto nocivo que les causa a su salud y su economía para volver a cambiar el sistema.

El uso perverso del que se echó mano este gobierno para cambiar el sistema fue bajo la impopularidad de las viejas generaciones, revivieron añejas discusiones y reabrieron heridas para aprovecharlas, sin medir que hoy a pesar de todo se trabaja y se mueve la economía en un esquema dual. Todo saben que los costos económicos y sociales serán grandes por el uso horario que se utiliza en el mundo y en el cual México quedará fuera de oportunidades comerciales y financieras.

Dudo mucho que las grandes empresas se desistan; habrán de cambiar los horarios de los trabajadores para ajustarse, quizá los únicos beneficiados al final serán los trabajadores públicos y estudiantes. Todo lo demás quedará igual.

*Maestro y Doctor en Ciencias económicas por el IPN y la Universidad Autónoma Chapingo; es profesor investigador, coautor de los libros: Los depredadores, Planeta, 2017 y Análisis de la Macroeconomía y del Sector Externo de México, Universidad de Humboldt, Alemania; Complutense, Madrid, España, 2018. Ha escrito infinidad de artículos para revistas especializadas, miembro del SNI. Correo electrónico mardur6@hotmail.com