Alza de salarios una presión más para los precios

Marco Antonio Durán Ruvalcaba*

Los jóvenes se enfrentan a un nuevo fenómeno, desconocido hasta ahora para ellos, algo con lo que no habían lidiado nunca. La inflación.

Comidas, transporte, ropa, viajes, cine, todo sube, es decir, la inflación consume una gran parte del ingreso que obtienen por su trabajo. Sufren por no entender lo que pasa, les frustra no poder planear, su salario se diluye de un día para otro y el dinero simplemente no alcanza.

Otras generaciones lo vivimos en el pasado, resistimos los aumentos diarios en los bienes y servicios, sabemos perfectamente bien cómo funciona; los ahorros se esfuman y la población se empobrece de forma sistemática.

Vienen a la mente reuniones entre cupulas empresariales, gobierno y sindicatos para poder acordar cuatro o cinco veces por año los incrementos de emergencia al salario, para tratar compensar la pérdida del poder adquisitivo del dinero. Una competencia inútil entre salarios y precio. Obviamente jamás los aumentos al ingreso, ganaron la carrera a los precios de los bienes y servicios.

Eso sí, surgieron medidas de control a las mercancías, con el objetivo de detener el desequilibrio: se impusieron precios de garantía a productos agrícolas y subsidios a alimentos y energéticos. Lo único que se consiguió fue acaparamiento y escases de bienes.

Entre los artículos imposibles encontrar en una tienda estaban: pastas dentales, papel o jabón para baño; si acaso se podían conseguir a veces con vendedores informales a las afueras de alguna estación del metro.

Azúcar, frijol, huevo, pollo o carne no se compraban en tiendas autoservicios o cadenas comerciales, sino en lugares clandestinos. En el mercado negro o de contrabando se negociaban los perfumes, zapatos, cigarros o algún electrónico, a precios bastante elevados.

Supimos entonces que el impuesto de la inflación, es el cáncer más peligroso de una economía, es un costo muy alto para para la población de cualquier país. Hoy apenas se van enterando de este fenómeno las nuevas generaciones.

De hecho, la inflación por allá de 1987 llegó a ser de tres dígitos (170 por ciento anual), disminuyó a dos dígitos para la siguiente década y no fue hasta principios del nuevo milenio cuando se logró el control pleno de la inflación, dando estabilidad a la economía.

Y se pudo controlar gracias a que después de intensos debates, negociaciones y acuerdos políticos, el 1 de abril de 1994, se otorgó plena autonomía al Banco de México. Ese día se publicó la reforma al artículo 28 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, la cual estableció como prioridad, mantener el poder adquisitivo de la moneda nacional.

La autonomía y libertad para decidir la política monetaria fue único mecanismo que logró detener y poner fin a esta difícil situación. La disciplina que han impuesto los miembros del banco central a través de las tasas de interés, la emisión de papel monedas, la supervisión del sistema financiero, el control de cambios, así como fijar metas y cumplirlas han sido parte del éxito.  

Por eso la ratificación de Victoria Rodríguez Ceja, como miembro de la junta de gobierno del Banco de México es muy importante para el buen funcionamiento de la economía.

Volver a prácticas insanas como querer disponer de las reservas internacionales, emitir papel moneda o intervenir en los mercados cambiario o de dinero, puede terminar en un desastre y regresar a la volatilidad de precios, de fuertes devaluaciones, altos niveles de deuda, escaso financiamiento, sistema bancario débil y crisis económicas recurrentes.  

Por otro lado, es necesario advertir que existen riesgos no solo por la designación del nuevo miembro, sino por las políticas económicas que se toman desde otros espacios.

El aumento a los salarios no significa que sea bueno para la economía:

Y es que la semana anterior se dio a conocer a través de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (CONASAMI), el aumento a las percepciones en un 22 por ciento. Significa que pasarán de 141.70 a los 172.87 en todo el país y en la frontera norte de 213.39 a los 260.34 pesos diarios.

El principal argumento que esgrimen la dependencia y el gobierno, es que se requiere impulsar la recuperación del poder adquisitivo del salario. Se olvidan sin embargo que un aumento al ingreso de los trabajadores, debe de ir acompañado de la productividad.

Pero la productividad está asociada a tres factores: mayor rendimiento del trabajo a través de la educación y capacitación; uso de las tecnologías en los procesos productivos, la innovación y todo esto depende a su vez de la inversión en capital físico y humano.

Significa que aumentar los salarios, pero no la productividad, puede propiciar en consecuencia más dinero circulando entre la población, pero no más mercancías. Y no hay más bienes y servicios por que hay que recordar que la economía no crece lo suficiente, que no hay más bienes que ofrecer por que se ha achicado. No es difícil entonces entender que, si hay más dinero y menos mercancías, los precios tienden a aumentar más.

Pero también, se pueden importar — comprar en el extranjero—, solo que para eso se necesitan dólares y cada vez que sube el valor del dólar se tienen que pagar más pesos en el extranjero por esos productos y al internarlos al país se les incorpora el nuevo precio a las mercancías. A eso se le llama inflación importada.

El problema sigue: si una economía no crece tampoco hay más dinero de donde echar mano, el único camino que queda entonces, es la deuda, es decir pedir prestado para poder seguir viviendo, hasta que se agote el crédito.

Ese camino es muy complicado por que hay que pagar intereses y capital; significa destinar dinero a pagar el costo de la deuda en vez de invertir en infraestructura, educación, salud, seguridad, etc. Es volver a la década de los 80, s, en donde toda la riqueza que generó el país y los mexicanos, fue a parar a manos de bancos y organismo internacionales que abusaron con excesivas tasas de intereses.

*Doctor en Ciencias económicas por el IPN y la Universidad Autónoma Chapingo; es profesor investigador, autor de los libros: Los depredadores, Planeta, 2017 y Análisis de la Macroeconomía y del Sector Externo de México, Universidad de Humboldt, Alemania; Complutense, Madrid, España, 2018. Ha escrito infinidad de artículos para revistas especializadas, miembro del SNI. Correo electrónico mardur6@hotmail.com