Por: Elsa Cordero Martínez

Olimpia

Escuche el relato de viva voz, “tenía ganas de morirme” después de saber que sus momentos más íntimos habían sido expuesto sin su consentimiento, dolor, impotencia, que se transformaron en una fuerza -que con el acompañamiento de grupos feministas- lograron cambios para un país entero. Hoy la Ley Olimpia -que es el nombre que recibió el conjunto de reformas legislativas encaminadas a reconocer la violencia digital y sancionar los delitos que violen la intimidad sexual de las personas a través de medios digitales, es una realidad, códigos penales de 29 estados y el federal, tipifican conductas que violentan la intimidad sexual, estableciendo penas económicas y años de prisión como sanción, para conductas que  no solo abarcan a quien produce las grabaciones sino a quien las reproduce. 

La Ley General de Acceso a las Mujeres a una vida libre de violencia define  a la violencia digital como “ toda acción dolosa realizada mediante el uso de tecnologías de la información y la comunicación, por la que se exponga, distribuya, difunda, exhiba, transmita, comercialice, oferte, intercambie o comparta imágenes, audios o videos reales o simulados de contenido íntimo sexual de una persona sin su consentimiento, sin su aprobación o sin su autorización y que le cause daño psicológico, emocional, en cualquier ámbito de su vida privada o en su imagen propia.” Y a la violencia mediática como “todo acto a través de cualquier medio de comunicación, que de manera directa o indirecta promueva estereotipos sexistas, haga apología de la violencia contra las mujeres y las niñas, produzca o permita la producción y difusión de discurso de odio sexista, discriminación de género o desigualdad entre mujeres y hombres, que cause daño a las mujeres y niñas de tipo psicológico, sexual, físico, económico, patrimonial o feminicida “. Un marco normativo más robusto que reconoce violencias que existían pero que no alcanzaban a ser derecho vigente. 

El acceso a las tecnologías, a lo digital, es menor para las mujeres que para los hombres, pero las víctimas potenciales de la violencia digital son las mujeres, impactos diferenciados.

Como lo comentaba la entrega pasada, mujeres que no solo afrontaron sus propios duelos, sino que su perseverancia permite proteger a muchas más.

No, no queremos cotidiano el dolor de ninguna mujer, lo que si queremos cotidiano es la fuerza y el acompañamiento para hacer efectivos nuestros derechos, para no permitir más abusos y violencias. 

Mujeres y empleo 

La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI muestra el mayor registro de personas trabajando en la informalidad: 32 millones 157 mil y desafortunadamente somos las mujeres el sector que más ha visto caer la calidad de sus empleos. En relación con nuestros derechos laborales siguen las desventajas. En materia laboral, menos de la mitad de las mexicanas mayores de 15 años trabaja en forma remunerada, en contraste con 76.4% cuando se trata de hombres. De ellas, 95% también realiza tareas domésticas y de cuidados sin remuneración, según el estudio Mujeres en el Mercado Laboral, del grupo Consultoras en Género y Gobierno. A la brecha salarial se suman los obstáculos para acceder a puestos directivos, de toma de decisiones, así como el acoso sexual y laboral. Muchos retos todavía enfrentamos para lograr la igualdad sustantiva. Distinciones laborales, dificultades en el acceso al trabajo y violencia en el ámbito laboral, eso no lo queremos cotidiano. 

10 de mayo, la maternidad y el valor de las mujeres

Numerosos discursos escuchamos en torno a la maternidad y el valor de la mujer a partir de ser madre, es tiempo de valorar a la mujer por ella, por su ser, pero dejemos de estereotipar dando reconocimiento solo a partir de la maternidad, identificando a la misma como el único o el proyecto de vida obligado, en el que además ponemos desproporcionadamente las labores de cuidado. Es tiempo de reconocer la diversidad de las maternidades, ver la crianza de los hijos en una tarea que no corresponde a una sola persona, de ampliar la educación sexual para una adecuada toma de decisiones. Una maternidad por elección y en libertad, con espacios de crianza compartidos, es lo que queremos cotidiano.