Los mexicanos en general dicen estar satisfechos con la vida; el estado de bienestar contribuye al consumo y mantener la economía.

Marco Antonio Durán*

Está comprobado científicamente, que si las personas están felices o contentas son proclives a ir de compras y gastar lo que sea, pero si por el contrario están tristes o deprimidas, no lo harán.

Si las personas están contentas porque les va bien, en el trabajo, escuela y dentro de la familia, pero además perciben que reciben calidad en los servicios que ofrece el Estado como: seguridad, salud, educación, vialidades, infraestructura, etc., entonces son felices, porque alcanzan el nivel de satisfacción y bienestar deseados.

Hoy existen mecanismo de tipo cualitativo que intentan medir la felicidad de las personas o familias, pero también la confianza de los consumidores. Estas dos variables son muy importantes en cualquier economía del mundo porque a través de ellas se puede predecir la demanda de bienes y servicios, es decir como se va a comportar la economía a corto, mediano y largo plazo.

La confianza y el bienestar de las personas son fundamentales para que haya un mayor consumo. De hecho, el consumo es la mayor componente de la demanda agregada de cualquier economía. En México, por ejemplo, el gasto de los hogares y del gobierno, representa tres cuartas parte del valor de la economía —75 por ciento—, significa que se compran bienes y servicios.

Es muy importante explicar que las empresas producen esas mercancías o servicios, que ponen a disposición de las personas a través de centros comerciales, tiendas de autoservicio, departamentales, mercados, etc.

Cuando las personas son felices o están contentas, gastan más dinero: la quincena, el ahorro y hasta se endeudan para adquirir mercancías o ir de vacaciones. Las empresas lo saben y aprovechan el estado de ánimo de la población para venderle cualquier cosa, sin que usted lo perciba.

Estas empresas a través de estrategias de márquetin bien diseñadas lo inducen a gastar y hasta le hacen creer que usted es el que toma la decisión. Cuando acude a un centro comercial, el primer paso es ponerlo cómodo con música ambiental, iluminación relajante, y algunos aromas para crear un estado de exultación o euforia.

Los artículos estan estratégicamente acomodados en anaqueles para que al pasar los vea y crea que los necesita. La próxima vez que vaya, cheque usted bien como al final de sus compras, en la caja, siempre a la mano están los dulces, papitas, el pan, algún chocolate, refresco o revista.

Cada repisa que visita está en el lugar exacto, todo tiene un propósito, nada es casualidad. Los meses sin intereses, las ofertas, la ropa, electrónicos, alimentos, perfumes, todo está en el lugar correcto. Hasta en el tiket de pago, va alguna publicidad o descuento para su próxima vista.

La población ha sido perfectamente bien estudiada por ellos. Cuando paga con alguna tarjeta de crédito o débito, su sistema detecta y reconoce de quien se trata; sabe la periodicidad con que acude a la tienda, importe promedio de su compra mensual y productos que consume.

No se asuste, pero hoy todos son números y se conoce como bases de datos o metadatos. Tienen a un equipo de ingenieros trabajado para cruzar información y saber que sale, proveedor, comprador, cantidades de producto, valor de las ventas, cajero que lo atendió, hora, día, etc.

Los mexicanos a pesar de la adversidad, en general son felices y eso contribuye a mantener la economía, aunque a veces gastan más de lo que les permite su ingreso, por esos viven endeudados.

La semana pasada, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), dio a conocer la “Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado 2021” y en ella, da cuenta qué tan contentos o felices somos, si aprueban o no los servicios que presta el gobierno o las instituciones públicas.

Los resultados arrojaron que en cuanto a Satisfacción con la vida: en una escala de 1 a 10 los mexicanos perciben que están satisfechos en 8.5 puntos, es decir, que se sienten bien con su vida en general, aunque las mujeres en un menor nivel que el de los hombres. Del total de encuestados uno de cada dos —50 por ciento— está totalmente satisfechos, 42 de cada 100 se siente medio satisfecho, 10 de cada 100 poco satisfechos y 2 de cada 100 insatisfechos.

De la información se desprende que en general la población se siente satisfecha con: su salud, logros en la vida, relaciones personales, expectativas en el futuro, su trabajo y su vivienda.

Sin embargo, los consultados dicen no sentires nada satisfechos con la seguridad ciudadana, solo 14 de cada 100 se siente satisfecho, los demás — 60 de cada 100—, poco satisfechos o insatisfecho. En cuanto al país, apenas una tercera parte está satisfecha; pasa lo mismo cuando se les pregunta por su ciudad.

Por Estado, los más satisfechos con la vida son los pobladores de Nuevo León, Colima, Coahuila, Baja California, Sinaloa y los menos satisfechos los encabeza la CDMX, Puebla Guerrero, Oaxaca, Tabasco y Tlaxcala. Dos bloques ricos y pobres o norte y sur.

¿En quién confían los mexicanos? Confían en sus vecinos o conocidos, con una calificación de casi 8 puntos. Medio confían en el Ejército y la Marina, con seis puntos; la Guardia Nacional con 5.6, otra gente 5.3 y los medios de comunicación con 5.2 puntos.

No confían en Juzgados, Ministerios Públicos, Legisladores (Diputados y Senadores), Policía Estatal, funcionarios, Policía Municipal y Partidos Políticos, estos tres últimos con 3 puntos de 10.

A nivel mundial el índice de felicidad elaborado por las Naciones Unidas, reporta que México ocupó el lugar 36 de 156 países en 2021. De alguna manera el índice refleja el estado anímico en que se encuentra la población y da un panorama de lo que pasa con la pandemia, la crisis y el país.

Por mayo de 2020, el presidente de México, comentó. “estar trabajando en un nuevo índice, alternativo al PIB, que medirá bienestar y “la felicidad del pueblo”. Por qué dijo, “Para alcanzar la felicidad se requiere el bienestar material y el bienestar del alma, como decía José Martí”.

Si bien el Producto Interno Bruto, mide cuantitativamente el valor de una economía, no es un indicador que muestre el bienestar y desarrollo de la población. No refleja como se distribuye el ingreso que se genera en el país.

Hay muchos otros indicadores complementarios que ayudan a saber el nivel de vida de la población, como son la medición de pobreza, inequidad y desigualdad, índice de Gini, etc.

Por lo pronto, llega como nueva presidenta a la junta de gobierno del INEGI, Graciela Márquez Colín, nominada por el presidente, López Obrador, quizá ella pueda iniciar una medición del nuevo índice de bienestar.

Desde este humilde espacio, hacemos un reconocimiento a Julio Santaella, por el gran trabajo que realizó al frente del INEGI. Deseamos éxito en los nuevos proyectos.

*Doctor en Ciencias económicas por el IPN y la Universidad Autónoma Chapingo; es profesor investigador, coautor de los libros: Los depredadores, Plantea, 2017 y Análisis de la Macroeconomía y del Sector Externo de México, Universidad de Humboldt, Alemania; Complutense, Madrid, España, 2018. Ha escrito infinidad de artículos para revistas especializadas, miembro del SNI. Correo electrónico mardur6@hotmail.com