Se ha mantenido sobre 20.20 peso promedio en el sexenio; Moody´s advierte que puede depreciarse un 20% en los próximos meses

Marco Antonio Durán Ruvalcaba*

La moneda mexicana es una de las pocas en el mundo que se mantiene fuerte frente al dólar. La pregunta de forma recurrente es: ¿por qué el peso se mantiene estable? ¿qué es lo que ayuda a la divisa a mantener tanta fortaleza? ¿cuánto tiempo más se mantendrá?

No sabemos, pero otras monedas llamadas fuertes en el mundo se han debilitado en el año; por ejemplo, el euro, 15.4% al cotizar sobre 1.09 por dólar, su nivel más bajo en 20 años; la libra esterlina con una depreciación de 16.3%, tocando un mínimo en 35 años; el yen de Japón que cotiza en casi 147 por dólar, es decir, una caída de 28%; al igual que el dólar canadiense que baja un 7% o el yuan chino que retrocede 13.6%.

En contraste las monedas de países emergentes se han apreciado en 2022, el real brasileño gana más del 7% y el rublo ruso, un 18%. En tanto, el peso mexicano ha mantenido su precio más o menos constante, se ha depreciado apenas 1.4 por ciento en el año, cotizando hasta el viernes sobre los 19.93 pesos por dólar. De hecho, en el último año ha promediado 20.30 peso por billete verde y en lo que va de esta administración se ha mantenido sobre los 20.20 pesos.

Por cierto, se llaman monedas fuertes a las más usadas en el mundo para el intercambio comercial porque además sirven como un depósito de valor confiable y estable. El Banco Internacional de Pagos (BIS) recientemente ubicó al peso mexicano dentro del top 10 de las divisas más populares y utilizadas a nivel mundial.

Las razones de la fortaleza del peso son varias: reservas internacionales en niveles máximos -hasta el 14 de octubre ascendían a 196 mil 560 millones de dólares—, finanzas públicas sanas, entrada récord de remesas —38 mil millones en 2022—, ingresos de divisas por turismo, exportaciones incluidos 378 mil millones de pesos por la venta de petróleo, inversión extranjera directa —27 mil 500 millones—, además de la inversión en cartera, digamos que son los renglones más importantes que lo apoyan.

Todos estos factores se traducen en una abundante entrada de dólares, que ayudan a apuntalar al peso, pero también está la variable tasa de interés, la cual trataré de explicare más adelante.

Vale la pena aclarar que el dólar como cualquier otra moneda es dinero y que también es una mercancía; su precio o valor se rige a través de la oferta y la demanda, es decir, si hay muchos dólares su precio baja, si el billete es escaso en el mercado entonces sube.

Lo que ha sucedido en los últimos años, sobre todo desde la pandemia es que hay mucho dinero, es decir, exceso de dólares en circulación alrededor del mundo.

Antes de iniciar la crisis de salud, los países desarrollados implementaron medidas para estimular sus economías, estas fueron de oferta, es decir, los bancos centrales crearon un mecanismo denominado Quntitative Easing (QE) o Expansión Cuantitativa; un programa o medida económica de política monetaria, que consiste en generar moneda y ponerla en circulación. Por otro lado, recortaron sus tasas a niveles de entre 0 y 0.25% desde 2008 y hasta 2015. La subieron poco a poco hasta 2.25% en 2018.

El objetivo, crear liquidez para facilitar el crédito a los consumidores y empresas en Estados Unidos y la vez bajar la rentabilidad de los bonos. Pero los riesgos estaban implícitos: la creación de un problema inflacionario a largo plazo por el exceso de circulante.

A la llegada de la pandemia del COVID en 2019, las economías en el mundo entraron en crisis y continuaron los estímulos, ahora fueron de demanda y de oferta, es decir, los gobiernos ofrecieron apoyos fiscales (disminución de impuestos, exenciones, etc.) además entrega de dinero en efectivo a familias y empresas para no despedir trabajadores y mantener el consumo y la economía en funcionamiento. En marzo de 2020 volvieron a utilizar la política monetaria para bajar las tasas a entre 0 y 0.25%.

El problema es que se confinó a la gente y se paralizó la producción de bienes, esa situación propició que escasearan los alimentos y los bienes; que se rompieran las cadenas de suministros al no haber transporte, etc. Lo que siguió fue que toda la gente en el mundo tenía dinero, muchos dólares, pero muy poco producto y alimentos.

Un shock que trajo consigo un problema inflacionario, los pocos productos comenzaron a subir de precio y comenzó la espiral. Al problema se sumó una guerra entre rusos y ucranianos; el resultado : menos alimentos y energéticos (gas y petróleo).

Todo se agravó a nivel global porque se dispararon los precios de las materias primas –insumos para producir otros bienes—, además comenzó la especulación y llegó el caos que hoy agobia a todos los países, porque además amenaza con una recesión mundial.

Los organismos internacionales advierten en su reciente reunión de otoño —Banco Mundial y Fondo Monetario internacional—que Estados Unidos, la principal locomotora económica que jala al mundo está en el inminente proceso de contraerse y que China puede no crecer.

Ante este fenómeno se ha recurrido a una “política monetaria restrictiva” que significa en términos simples, un aumento de las tasas de interés como lo ha venido haciendo la Reserva Federal en EEUU y todos los bancos centrales en el mundo, para retirar dinero.

Se han aumentado las tasas a una velocidad de entre 50 y 75 puntos base en cada reunión, de tal forma que tan solo en 2022, la tasa de referencia se ubica en 3% y que se espera siga subiendo hasta más allá del 4%, y lo que sea, para contener la inflación en EEUU.

Se pretende atacar de manera frontal a la inflación, ¿cómo?: retirando todos esos dólares de la circulación, con ello se pretende encarecer el dinero, razón que propicia que quien quiera dinero tendrá que pagar más por esos dólares.

De esa forma se inhibe el consumo, se trata de equilibrar el número de bienes en el mercado con la cantidad de dinero en circulación.

Obviamente esta medida, propicia que los inversionistas ahora quieran comprar bonos del tesoro estadounidense por la rentabilidad y seguridad que representa.

Muchos de esos capitales en el mundo ahora están siendo recogidos del mercado a través de este mecanismo para que haya menos dinero en circulación. La escasez de dinero provoca mucha demanda a nivel mundial y que los dólares suban de precio. Es decir, hay un fortalecimiento del dólar o si lo quiere ver de otra forma, las monedas de otros países se debilitan frente al dólar. Por supuesto todos los países buscan dinero para comprar o importar alimentos.

El caso de México y algunos otros países emergentes es excepcional, pero no por mucho tiempo.

Tiene que ver con las tasas de interés. Lo que ha sucedido es que, para contrarrestar el efecto del alza en las tasas de EEUU, en México el banco central, ha elevado las suyas con mayor fuerza, para pagar un rendimiento más alto en términos reales al de los bonos estadounidenses.

Se trata de evitar que haya una corrida de capitales o salida masiva de dinero en México, el objetivo es mantener las inversiones y los dólares necesarios para seguir apoyando al peso, al mismo tiempo que se ataca la inflación.

El problema nuevamente es que esa alza en tasas hace que se eleve el costo de la deuda, pues con cada punto que suben las tasas son mayores intereses que se tienen que pagar. Los inversionistas felices y el gobierno “sufriendo”.

¿Hasta qué punto se mantendrá esta situación?

Seguramente hasta que los dólares se vayan y se tenga devaluar la moneda. Se ha advertido que la economía de EEUU está por entrar en recesión y eso perjudica a México, porque habrá menos dólares por exportación, menos inversión, menos turismo, menos recaudación y problemas para pagar la deuda.

Moody´s acaba de advertir que el peso puede depreciarse en los siguientes meses un 20 por ciento. En su análisis habla de la aversión de los inversionistas al riesgo, sobre todo porque habrá pronto un menor flujo de dinero, dada la política restrictiva de la Reserva Federal y el ciclo de recesión estadounidense.

Por lo pronto basta ver que las posiciones especulativas netas en contra del peso siguieron. Hilaron 19 semanas y entre el 12 y 18 de octubre, sumaron 22 mil 294 contratos netos cortos. Vale explicar que cada contrato en el mercado de futuros en Chicago es de 500 mil pesos.

*Maestro y Doctor en Ciencias económicas por el IPN y la Universidad Autónoma Chapingo; es profesor investigador, coautor de los libros: Los depredadores, Plantea, 2017 y Análisis de la Macroeconomía y del Sector Externo de México, Universidad de Humboldt, Alemania; Complutense, Madrid, España, 2018. Ha escrito infinidad de artículos para revistas especializadas, miembro del SNI. Correo electrónico mardur6@hotmail.com