Los datos disponibles casi al cierre del quinto año de gobierno de López Obrador y las estimaciones para lo que resta indican que será otro sexenio perdido; crecimiento igual a cero

Marco Antonio Durán Ruvalcaba*

Nadie en su sano juicio quiere que a México le vaya mal, creo que todos pensamos en un país fuerte con una economía sana, boyante y en crecimiento. En la medida en que le vaya bien al país, habrá bienestar para los mexicanos; empleos mejor pagados y lo que sigue sólo será consecuencia de lo primero.

Sin embargo, la economía no termina por estirarse, no alcanza la dinámica que se requiere para obtener mejores niveles de desarrollo social. Los datos macroeconómicos más recientes sugieren que si bien este año terminará con un buen crecimiento, la verdad es que apenas estaremos tocando los niveles que se tenían antes de la pandemia.

De hecho, en la revisión al tercer trimestre de 2022 sobre el Producto Interno Bruto (PIB) que hizo el Instituto Nacional de Estadísticas, apenas el viernes, apuntan a que la economía solo logró ubicarse en el nivel que tenía en la primera mitad de 2019, pero aún le falta obtener por lo menos lo que se alcanzó a finales de 2018, cuando comenzó esta administración.

Los datos sobre la economía fueron positivos, un crecimiento de 0.9% entre el segundo y tercer trimestre de este año, lo que ya da un crecimiento de 4.3% anual, excelente resultado si se considera que en los primeros nueve meses de 2022 el PIB aumentó 2.8%.

Seguramente este y los siguientes dos años la economía cerrará con crecimiento moderado, pero no es de ninguna manera el momento de echar campanas al vuelo como muchos analistas e incluso el propio gobierno lo hace, celebraron por anticipado el buen desempeño económico que se reportó. Hay que dejar bien claro que no es un crecimiento, que es apenas una recuperación, un modesto rebote tras las caídas pasadas.

Los datos más actuales presentados por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) revelan que el crecimiento acumulado de México entre el IV trimestre de 2018 y el III trimestre de 2022 es de apenas 0.1 por ciento.

De los mismos datos reportados se desprende que tras la pandemia —periodo pospandemia—, es decir, del cuarto trimestre de 2019 al tercero de 2022, la economía mexicana apenas muestra un crecimiento acumulado de 0.7 por ciento, aumento desde luego insuficiente siquiera para generar mejores condiciones sociales o económicas de su población.

En resumen, podríamos advertir a pesar de lo que se diga, que son casi cinco años perdidos y posiblemente será una década de no crecer a mayor velocidad y consistencia.

Sin querer ser pesimista, ni agorero del mal, lo cierto es que no hay ni habrá las mejores condiciones en el corto plazo, que esto va a tardar más de lo esperado. Las cosas no se ven bien para el país: Mala planeación económica, falta de apoyos a empresas, menor dinámica del sector interno, factores externos entre otros que limitan el avance económico.

Si se consideran las estimaciones de la OCDE, suponiendo que se cumplan las previsiones y que el país crezca el año siguiente (2023) y para 2024 a una tasa similar del 1%, el acumulado anual en el sexenio sería de 0.33%; pero si el crecimiento se extendiera a 2% en los dos años siguientes entonces la economía tendría una tasa anualizada de 0.65%.

Pero aún con un ánimo verdaderamente optimista, deseando que todo marche muy bien y que México creciera a tasas de 3% en cada uno los dos años que restan de gobierno, el alza promedio anualizada en sexenio de López Obrador sería de apenas 1%.

Para decirlo de otra forma, de cumplirse cualquiera de los tres escenarios, el crecimiento simplemente no alcanzará para impulsar las condiciones necesarias de bienestar para la población, imposible que bajo esta premisa se puedan generar mayores empleos y mejor remunerados.

Tres factores fundamentales y muy necesarios para sacar la economía a flote: consumo interno fuerte —ventas nacionales—, Inversión Fija Bruta y un sector externo —exportaciones— muy dinámico. El último es hasta ahora el único motor que sostiene todo el aparato productivo, porque la inversión se encuentra rezagada respecto a los niveles de 2018 y el consumo muy débil.

Por otra parte, hay aún muchos síntomas de debilidad económica externa como la inflación que no cede en el mundo y tasas de interés que se mantienen al alza tratando de contener los precios, pero inhibiendo el crédito y el consumo.

De suma preocupación resulta sobre todo en Estados Unidos por el efecto directo que tienen el consumo y los préstamos; ambos representan más del 80 por ciento de la demanda interna total. Es obvio que tasas altas e inflación y sin control, frenan la economía.

Ante esa situación, la Reserva Federal (FED) en EU, advirtió de una posible recesión para 2023. A su vez la calificadora de riesgos, Standar and Poors dijo que en noviembre se registró una sólida contracción en la actividad comercial de ese país en todo el sector privado y que a medida que empeoran las condiciones de la demanda, se deteriora la economía y las señales de recesión crecen.

El problema es que dada la dependencia de México y la estrecha correlación que tiene con la economía de Estados Unidos a donde se dirigen más del 80 por ciento de las exportaciones, hace prever que de entrar en un ciclo de baja el país vecino, aquí se tendrán serias consecuencias.

La falta de crecimiento económico redunda también en pobreza y nos guste o no son muchos los que se suman cada año. Uno de cada dos mexicanos se encuentra en esa condición, según CONEVAL

Para dar una idea de los complicado de la situación real de los mexicanos, podemos adelantar con las cifras disponibles a 2022, que el PIB per cápita, es decir, el valor de la economía dividida entre la población total (PIB/población) quedó en 10 mil 808 dólares, nivel que aún está por debajo de lo que se tenía en 2014 o sea de los 10 mil 932 dólares.

Vale la pena recordar que el PIB per cápita fue menor durante los años de pandemia y que llegó a caer de forma brutal hasta los 8 mil 520 dólares en 2020, y aunque se ha recuperado, falta mucho para volver a niveles anteriores a la crisis y que, si nos va bien y se logra una recuperación mayor, será hasta 2030 cuando se logre superar los 12 mil dólares.

Es importante mencionar que este indicador es valioso porque revela cuál es cantidad de dinero que le correspondería a cada persona en el país si se repartiera a todos por igual el PIB generado en un año, o bien, lo que se obtuviera por la venta total de todos los bienes y servicios producidos por los habitantes.

A pesar de las cifras que aquí se expresan y que indican un desastre económico, una crisis parce poco probable en este sexenio, la preocupación real de los expertos nacionales y extranjeros es que dados los escasos resultados económicos de AMLO y el deterioro que vendrá en las finanzas públicas en los próximos años, provocarán dificultades serias en la próxima administración.

Será quizás cuando estalle la bomba, por el escaso margen de maniobra que deja esta administración a la siguiente, es decir, desequilibrio por el alto déficit fiscal, deuda elevada, agotamiento de los sectores productivos, incluido el laboral.

Como diría el Presidente, lo bueno está por venir.

*Maestro y Doctor en Ciencias económicas por el IPN y la Universidad Autónoma Chapingo; es profesor investigador, coautor de los libros: Los depredadores, Plantea, 2017 y Análisis de la Macroeconomía y del Sector Externo de México, Universidad de Humboldt, Alemania; Complutense, Madrid, España, 2018. Ha escrito infinidad de artículos para revistas especializadas, miembro del SNI. Correo electrónico mardur6@hotmail.com