Los Pre Criterios Generales de Política Económica presentados para 2023 son más bien una lista de buenas intenciones que indicadores serios y creíbles para impulsar el desarrollo y bienestar del país.

Marco Antonio Durán Ruvalcaba*

Los escenarios económicos que ha presentado el gobierno federal son tan optimistas que rayan en la irresponsabilidad, así lo reflejan los pronósticos establecidos en los CGPE, que dio a conocer la Secretaria de Hacienda y Crédito Público para lo que resta de este año y el próximo.

Los Pre Criterios Generales de Política Económica (CGPE) presentados ante Congreso para 2023 reconocen que no hay otros datos como dice el Presidente, que los que presentó en septiembre pasado como marco macroeconómico para el desarrollo de este año en México, quedaron completamente rebasados. Por ejemplo el crecimiento económico que se proyectó para 2022 se redujo a solo 3.4 por ciento desde el 4.1 por ciento estimado previamente.

La inflación según el gobierno será de 5.5 por ciento para todo 2022, mientras que lo estimado para la realización de la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos de la Federación, aprobado en la Cámara de Diputados el año pasado fue de apenas 3.4 por ciento.

Para entender lo que significa rebajar los pronósticos del gobierno en los indicadores claves de la economía y la gravedad del problema, debemos entender que son los Pre CGPE.

Se podrían definir como los instrumentos con que cuenta el gobierno de un país para establecer medidas y mecanismos que le proveerán de recursos vitales para operar y cumplir con sus obligaciones.

Son variables económicas complejas, indicadores fiscales y sociales, políticas y mecanismos necesarios para establecer lo que será el escenario de desarrollo económico. Si estos fallan o cambian significa que enfrentaran problemas serios tanto la población como el gobierno.

Crecer menos en el Producto  Interno Bruto significa que habrá menos empleo, contracción del consumo, baja producción, caída en la inversión, ingreso, obviamente mayor pobreza. Si esto sucede es evidente que el gobierno también sufrirá las consecuencias porque no podrá obtener recursos suficientes para cumplir sus obligaciones: pago de deuda por ejemplo, programas sociales, inversión en infraestructura, inseguridad por ausencia de personal, asistencia médica por falta de doctores, etc.

La propuesta que hace el gobierno para definir su actuar en materia económica parece más bien una lista de buenas intenciones que datos serios y objetivos para enfrentar la situación. Y es que ya no son creíbles las cifras y supuestos que somete a consideración del Congreso y a la población para impulsar a un mayor desarrollo y bienestar del país.

Parecieran ocurrencias más que intentar medir el riesgo que trae aparejado el contexto nacional e internacional. Es no querer o no saber leer la situación que prevalece en el mundo; es desestimar el clima de crisis interno que se vive. Se inventan datos en vez de calcular de forma más precisa las variables con las que se formulará el presupuesto y el marco macroeconómico que servirá de guía en el desempeño del país.

Como muestra, la SHCP calculó el año pasado una tasa de interés de 5.3 por ciento para el ejercicio fiscal de 2022, sin embargo, hoy se encuentran en 6.5 por ciento y se espera cierre el año sobre un promedio de 8 por ciento, eso en términos monetarios significa que el Costo Financiero de la Deuda —intereses— que se pagará este año será de casi 870 mil millones de pesos; 77 mil millones más que lo aprobado en el Presupuesto de Egresos de la Federación.

Eso también estimado lector significa corrupción. No trabajar con la seriedad y el conocimiento que se requiere, va contra el interés público, en contra de los mexicanos. No solo el que roba poquito o mucho es delincuente, la omisión es costosa.

El año pasado el Presidente insistió en que la economía crecería para 2022 más de cinco por ciento, pero moderando el optimismo, instituciones como la SHCP y Banxico estimaron que el crecimiento del PIB sería de 4.1 y 2.4 por ciento respectivamente, sin embargo, el Secretario de Hacienda, Ramírez de la O, informó a legisladores esta semana que será de 3.4 por ciento.

Pero nadie lo cree: organismos internacionales, calificadoras, bancos de inversión, nacionales y extranjeros estiman que el crecimiento muy probablemente sea cercano 1.8 por ciento promedio y en un escenario pesimista, la calificadora de riesgos Moody´s anticipa que será de solo 1.1 por ciento. De cumplirse el último pronóstico en todo el sexenio el crecimiento será cercano a cero por ciento.

En el caso de la inflación sucede lo mismo, el año pasado el gobierno dijo que estaría en el objetivo del Banco de México con 3.4 por ciento, pero el viernes se desdijo y señaló que será de 5.5 por ciento; sin embargo, los datos reales que publica el INEGI confirman que estará más cerca al siete por ciento anual, que al cuatro por ciento que mantiene el encargado de cuidar los precios.

Todo parece un engaño, una farsa de quien debiera ser responsable en lo que hace, en lo que planea; tratar de seguir ofreciendo cifras alegres llevará al país a un rotundo fracaso, una estrepitosa crisis y pobreza de dimensiones no vistas en décadas.

En los pre CGPE se insiste en una plataforma petrolera de 1.8 millones de barriles de producción diaria, pero lo cierto es que por lo menos este año solo se alcanzaran los 1.6 millones; que el crecimiento económico de Estados Unidos no será de 4.5 por ciento, sino de 3.6.

Lo único claro es que el país se deteriora a mayor velocidad y eso no se puede ocultar, lo reconocen, pero vuelven a mentir. Es necesario explorar nuevas medidas, pero sobre todo ofrecer un contexto realista.

El escenario para 2023 vuelve a ser optimista, parece que no se entiende el daño que causa no establecer indicadores económicos cercamos a la realidad. Para el año que entra los Pre CGPE nuevamente estiman un crecimiento de 3.5 por ciento y una inflación de 3.3 por ciento, mientras que los expertos consultados por Banxico, asumen que si bien nos va en 2023, el crecimiento económico será de apenas dos por ciento y la inflación de cuatro por ciento.

*Maestro y Doctor en Ciencias económicas por el IPN y la Universidad Autónoma Chapingo; es profesor investigador, coautor de los libros: Los depredadores, Plantea, 2017 y Análisis de la Macroeconomía y del Sector Externo de México, Universidad de Humboldt, Alemania; Complutense, Madrid, España, 2018. Ha escrito infinidad de artículos para revistas especializadas, miembro del SNI. Correo electrónico mardur6@hotmail.com