Dedicado a  quien lo resistió, y hoy es inspiración de otras.

Hace un par de años, recibí una terrible noticia de una mujer que me acompañaba en mis actividades profesionales, meses atrás sintió una bolita en una mama, ante la duda acudió al doctor, quien a su vez la envió a otro especialista, el diagnóstico se confirmó:  tenía cáncer, estaba desecha, en ese momento asustada, acudía a mi, como amiga.

Debo confesar que lo único que yo quería hacer ante su noticia era llorar con ella, pero no podía, pues estaba ahí para recibir apoyo, solidaridad, así que solo pude escucharla y abrazarla fuerte. Repuesta, platicamos lo oportuno de su detención, las veces que nos preocupamos más por lo que creemos que  va a pasar, que por lo que pasa, y lo importante de estos casos, de tomar acción, más allá de una actitud positiva o negativa, realizar todo lo que estuviera al alcance para enfrentarlo, también le pedí platicara con otra amiga cercana.

La otra historia

Ella es una mujer fuerte, independiente, el día que se enteró del cáncer que le invadió el seno, declaró con palabras fuertes y determinantes “esto no me va a vencer, yo soy más fuerte” y con esa determinación acudió a sus terapias, una a una, hizo saber a su enfermedad que no era bienvenida en su cuerpo, dedicó cada uno de sus días -sin dejar de cumplir con sus importantes funciones empresariales- a atenderse, y finalmente la venció. Ignoro la forma como recibió la noticia, y la reacción inmediata, pero me consta la declaración de combate y la acción para recuperar la salud, lo cual logró.

La solidaridad

Cuando ellas se conocieron, la primera acudía llena de miedo, la segunda victoriosa de la recuperación de la salud, no perdió la oportunidad, esa que se da al compartir experiencias vividas, esa que muestra el trayecto del camino recorrido, no imposible, si difícil, esa que da la motivación de ver los resultados obtenidos. La mujer que recién enfrentaba la desafortunada primicia regresó más informada, más esperanzada, pero todavía llena de miedo, lo que iba a atravesar no era nada fácil.

Muy  temprano, con cierta regularidad, tenía que trasladarse a otro Estado, ante la falta de especialidad en su localidad, poco a poco fue enfrentando la pérdida de cabello y cejas, poco a poco encaraba esos desafortunados estereotipos de belleza, que tanto nos pesan a las mujeres y que tanto nos exigen.

Día a día asumió los retos, el dolor no  hizo caso a los reclamos y siguió ahí, acompañando a la pena, al miedo, al cansancio. Poco a poco, con la puntualidad de tratamiento médico, que se inscribió, hasta en una estricta disciplina alimenticia, después de una intervención quirúrgica exitosa, finalmente el cáncer se fue.

Ese día las lágrimas si llegaron en grupo, lágrimas de felicidad, de esas que no pueden esconderse cuando alguien que te importa logra su objetivo, y qué objetivo más grande puede haber que conservar la vida.

Esta diminuta y enérgica mujer, ahora acude cada año a su revisión, días antes de la práctica, la emoción y la preocupación le invaden, pero también, como fue desde el principio, creo que, desde su infancia, la acompaña otra enorme aliada: la oración.

Creo que su historia, es una historia de éxito, sobre una enfermedad que muchas mujeres padecen y por la que desafortunadamente todavía muchas fallecen.  Según INEGI “Durante 2021, 90 525 personas murieron por tumores malignos en México (8.1 % del total de defunciones). De esta cifra, se registraron 7 973 muertes por cáncer de mama, de las cuales 99.4 % fueron mujeres y 0.6 %, hombres. La tasa más alta de defunciones por cáncer de mama se registró en las mujeres de 60 años y más, con 48.24 defunciones por cada 100 mil mujeres de 20 años y más”.

No solo instituciones rosas

En este tiempo, en el que el respeto y protección a los derechos humanos, es el eje central de cualquier actividad, hacer efectivo el derecho a la salud de las mujeres debe ser una prioridad. El uso del lazo rosa, de diseño internacional, compromiso para crear conciencia, va haciéndose cada vez más visible y de mayor participación. A propósito leía un mensaje en redes, de autoría anónima que reflexiona sobre que de nada sirven edificios rosas, si no hay espacios en las instituciones públicas de salud para atender el cancer de mama -entre otros-. Es claro que la difusón y el desarrollo de diversas actividades de concientización son siempre viables, no perdamos de vista que son sólo muestra de las tantas lineas de acción que necesitan establecerse para enfrentar los padecimientos y evitar la mortalidad. Pero efectivamente no queremos sólo edificios rosas, por que no es suficiente, es necesaria la inversion y presupuestos con perspectiva de género,  instituciones activas  y promoción de la investigación para lograr enfrentar al enemigo a vencer: el cáncer de mama.

Un mensaje, una esperanza

Hoy las dos mujeres con las que inicié el relato, de quienes por respeto y confidencialidad  no doy nombres, sonríen a la vida, atrás quedo la angustia, hoy pertenecen al grupo de mujeres sobrevivientes que enfrentan la vida con un nuevo ideal, que dan testimonio y esperanza a otras, pero que insisten  -no solo en un mes- que hay que prevenir, que hay que tocarse, que hay que hacerse la prueba, como algo cotidiano.

Gracias a todas las valientes mujeres, que enfrentando la enfermedad, tienen la fuerza para no negar el pasado, sino con sororidad y amor recogen sus experiencias para dar mensajes de esperanza a todas a las demás. Gracias por hacer de la sororidad y la esperanza algo cotidiano.