Desde el Centro

Por: Christian Vaslaf Santacruz Montealegre

Hace unos días se llevó acabo el cobarde asesinato de dos sacerdotes jesuitas en el estado de Chihuahua, las autoridades rápidamente salieron a justificar dicho suceso alegando que el asesino, de apodo el chueco, iba drogado, incluso hubo quienes argumentaron que cosa diferente hubiere sucedido si el asesino no fuese en esa condición. Días después el obispo de Zacatecas, Sigifredo Noriega declaró haber sido detenido en un retén en Jalisco, posteriormente el Cardenal de Guadalajara, José Robles Ortega declaró haber sido interceptado en un retén de las mismas características.

¡Señor Presidente revise su estrategia de seguridad! Fue el reclamo de la comunidad jesuita en México ante los cuerpos de los sacerdotes asesinados. López Obrador ha dicho en reiteradas ocasiones que su estrategia de seguridad no la piensa cambiar, que todo marcha bien. Esa sería la respuesta presidencial. 

La no intervención gubernamental ante el crimen organizado es una muestra del carácter blandengue de López Obrador ante los verdaderos problemas del país. Para nuestro presidente todo gira en torno a cuestiones político electorales, para él, ahí se encuentran los principales problemas de México. Por ello no es capaz de hacer frente de manera real a los problemas que tienen al país en una situación próxima a la ingobernabilidad. 

Es cierto, que una guerra como la que inició Felipe Calderón no le abonaría mucho al país, pero también es cierto que dejar hacer a la delincuencia lo que le plazca sin ninguna consecuencia es fomentar la impunidad, pero además es otorgarle un cheque en blanco para hacer con el país lo que mejor les convenga. 

El asesinato de los dos sacerdotes es una radiografía del estado en que se encuentra el país. López Obrador se quita fácilmente a quien le señala que su estrategia no funciona, alegando que él va a combatir la delincuencia desde las causas, y eso es correcto, a muchos no les ha importado las verdaderas causas de las problemáticas sociales en México, y en efecto hay que entrar a solucionarlas, sin embargo, el estado en descomposición en que se encuentra el país y la propia sociedad no permitiría que se erradique el crimen organizado únicamente repartiendo dinero. 

Desafortunadamente, el crimen organizado en México está romantizado, es decir que a muchos de los delincuentes los hacen ver como verdaderos héroes que actúan en contra de un estado que ha sido opresor en contra de ellos y las clases más desfavorecidas, por ello muchas personas anhelan integrarse a las células criminales, pero además, el clima de impunidad en que se movilizan los grupos criminales los hace más atractivos para la juventud que anhela de alguna manera romper el sistema normativo que no ha sido de lo más justo y equitativo. El formar parte de organizaciones criminales también para muchos es lograr un estatus social y económico, que dudosamente podrían obtener teniendo un empleo digno.  

La estrategia de López Obrador lo único que deja ver es que no hay estrategia. Sólo hay buenos deseos de parte del presidente, los cuales se fundan únicamente en creencias incompletas, pero sobre todo en creerse dueño de la verdad y dueño del conocer de los mexicanos. El problema, es que todo el país está a expensas de esos buenos deseos, los cuales seguirán siendo eso, porque las cifras de personas asesinadas bajo un marco de impunidad siguen creciendo. En resumen, la estrategia de abrazos y no balazos únicamente está generando más violencia.