Advierten lideres en el mundo que medidas económicas implementadas no han sido efectivas; datos alertan de una nueva recesión.

Marco Antonio Durán Ruvalcaba*

Las principales razones que frenan el desempeño económico en México son: inseguridad pública, presiones inflacionarias, aumento en insumos de materias primas, incertidumbre sobre situación económica interna y situación política.

Son consideraciones de analistas económico nacionales y extranjeras, que esgrimen cada mes a través de la encuesta que levanta Banco de México sobre la percepción económica del país. Líderes en el manejo de los dineros de quienes toman las grandes decisiones financieras y de negocios, son desde luego quienes invierten o arriesgan capital.

No es pesimismo local, es la realidad superando día a día cualquier pronóstico. Datos que reflejan el acontecer nacional e internacional. Informes económicos, sociales o políticos que no dan tregua.

En reuniones internacionales, representantes de países desarrollados y en vías de desarrollo, del más alto nivel, advierten que la situación no es pasajera, que la inflación esta desbordada y que los mecanismos aplicados hasta ahora no han resultado como se esperaba.

Crece la incertidumbre de una nueva recesión mundial; la economía China se ha desacelerado, Estados Unidos cae más de lo esperado, Rusia entró en default de deuda por primera vez de 1918, Japón enfrenta serios problemas financieros y la guerra en Ucrania.

Es un hecho que en México conforme pasa el tiempo, las expectativas también se deterioran; preocupa el nivel de inseguridad y el descontrol sobre el crimen organizado, el esfuerzo cada vez más difícil para controlar los precios, las malas políticas económicas que se aplican y la situación de confrontación social e ideologías políticas que dividen a la población.

La complicada situación prevista por los tomadores de decisiones propicia que 7 de cada 10 considere que este no es momento para invertir. Es una lástima porque sin inversión no hay nuevas empresas ni empleos que generen mayores ingresos.

Todos los reportes que se divulgaron la semana pasada en el país dan cuenta de lo delicado de la situación interna: Balanza comercial, desempleo, finanzas públicas, confianza empresarial, crecimiento económico, remesas. Cada uno de los indicadores deja ver la debilidad del país.

La Encuesta Sobre Ocupación y el Empleo reveló que en mayo se perdieron 518 mil empleos, más de la mitad —272 mil— fueron en el sector formal y 246 mil en el informal. Los focos de alerta se encienden y el pesimismo crece.

Además, la confianza de los empresarios va a la baja: los datos sobre la opinión en el sector manufacturero muestran que el índice de pedidos de suministros cayó en junio. Significa que disminuyó la compra de bienes, debido a que no ven un panorama alentador, sobre todo en sectores de alimentos y bebidas; derivados del petróleo, minerales, equipo de transportes que en su mayoría son insumos para la elaboración automotriz.

Se percibe que la economía no va bien y que para este 2022 el país apenas logrará crecer 1.8 por ciento. De hecho, la economía se encuentra 2.5 por ciento por debajo del nivel que se tenía en 2018.

De concretarse este resultado y de cumplirse los pronósticos de los economistas, para todo el sexenio se habrá crecido apenas 1.7 por ciento, un promedio por año de 0.25 por ciento, el menor registro de que se tenga historia desde hace 80 años.

El problema es que el Departamento de Análisis Económico de Estados Unidos confirmó en su tercera revisión que el Producto Interno Bruto (PIB), cayó 1.6 por ciento en el primer trimestre, un poco más de los esperado. El dato y otros factores como la baja en las exportaciones y el gasto en consumo personal, amplían el margen hasta un 38 por ciento de que el país vecino pueda entrar en recesión. A decir de la Reserva Federal de Atlanta, la economía norteamericana habrá caída 2.1 en el segundo trimestre de este año, poniendo más énfasis sobre la desaceleración.

México es dependiente absoluto del ciclo económico de Estados Unidos, considerando que 80 por ciento de las exportaciones se dirigen a ese país. De suceder un declive económico allá, acá se tendría consecuencias magnitud impredecible.

Ante la menor dinámica económica de EU el temor es que el sector externo —único motor que mantiene funcionando a la economía mexicana— caiga, afectando las exportaciones sobre todo las ventas manufactureras y petroleras. Hay que recordar que este sector representa dos quintas partes de la economía nacional, es decir un 40 por ciento.

El informe oficial de INEGI sobre la Balanza Comercial a mayo, muestra mayor debilidad del sector externo. En los primeros cinco meses del año reportó un déficit de 8 mil 987 millones de dólares, resultado de un diferencial de 229 mil 535 millones de dólares en exportaciones y 238 mil 524 millones en importaciones.

El saldo negativo es el mayor que se tenga registro y, sin duda es producto de que los mexicanos compran más mercancías en el extranjero de las que venden; sobre todos los bienes intermedios o materias primas que representan el 79 por ciento de lo adquirido en el exterior.

Muchos de estos productos son del sector manufacturero, que incluye a la industria automotriz, armadoras de aviones, equipo electrónico y eléctrico. En total aportan 80 de cada 100 dólares que se venden en el extranjero, lo demás proviene de la venta de petróleo crudo, es decir 7 de cada 100 dólares, productos agropecuarios que son 4 de cada 100 y minerales 2 de cada 100.

Llama la atención la balanza petrolera, considerando que las ventas de petróleo significaron en el acumulado enero-mayo, ingresos por 16 mil 503 millones de dólares, contra los 27 mil 742 millones de dólares que se pagaron por las importaciones de productos petroleros de los cuales 62 por ciento fue para adquirir gasolinas, gasóleo, combustóleo y turbosina.

Otro duro golpe es el reportado en las finanzas públicas, las cuales indican que la deuda sobrepasó los 14 billones de pesos en mayo. De hecho, el Banco Mundial reveló que en 30 meses del actual gobierno se han solicitado créditos por 3 mil 855 millones de dólares.

Pero también los datos de la Secretaría de Hacienda reportan que el gobierno de México dejó de recibir 106 mil millones de pesos por no cobrar el impuesto a las gasolinas (IEPS).

Las cifras son contundentes, es el costo por mantener a raya la inflación, sin embargo, son recursos que no recibirá el gobierno para programas sociales, salud, educación, seguridad o infraestructura. Habrá recorte al gasto público; anticipando menos compras de medicinas, quimios, ayuda a mujeres, niños y combate al crimen organizado, entre otros muchos.

Finalmente, el nivel de remesas recibidas, las cuales, si bien fueron del orden de 5 mil 172 millones de dólares en mayo, imponiendo un nuevo récord, valdría la pena reflexionar sobre el costo de ese dinero que no tiene un origen muy sano que digamos. Y es que son jóvenes que migran y mano de obra que se desaprovecha. Muchos de ellos mueren en su intento, se pierde también mucho dinero, pues el gobierno invierte en su educación, esos recursos nunca se contabilizan. Es necesario hacer un ejercicio o investigación seria para saber el costo de becas y preparación en niños y jóvenes que luego se van por falta de oportunidades.

Maestro y Doctor en Ciencias económicas por el IPN y la Universidad Autónoma Chapingo; es profesor investigador, coautor de los libros: Los depredadores, Plantea, 2017 y Análisis de la Macroeconomía y del Sector Externo de México, Universidad de Humboldt, Alemania; Complutense, Madrid, España, 2018. Ha escrito infinidad de artículos para revistas especializadas, miembro del SNI. Correo electrónico mardur6@hotmail.com