No es de 3.3% como dice INEGI, si se mide correctamente, entonces son más de 14 millones sin empleo. Todos sabemos de algún familiar, vecino o amigo que no encuentra trabajo porque simplemente no lo hay.

Marco Antonio Durán Ruvalcaba*

Uno de los síntomas que refleja casi inmediatamente la debilidad económica de un país es sin duda el desempleo. Hoy, las personas saben que no hay trabajo, que, a pesar de las cifras alegres del gobierno, todos conocemos de algún vecino, familiar cercano o amigo que no tiene o no encuentra trabajo.

Y tienen razón. De los poco más de 59 millones de personas que conforman la Población Económica Activa (PEA), es decir la fuerza de trabajo, los desempleados suman en realidad poco más de 14 millones 100 mil personas, que significan una tasa de desempleo del 20.3 por ciento.

Si, leyó bien, más de una quinta parte de la población no trabaja, es decir, que uno de cada 5 mexicanos no tiene empleo, porque no lo hay, porque simplemente no existen, no se generan, no hay oportunidad y si lo encuentra es en condiciones frágiles.

Estamos hablando de la brecha laboral -suma los desempleados, los subocupados y el desempleo disfrazado-, una forma robusta de medir con mayor precisión el desempleo de un país.

En la medida que se va informando a través de datos y cifras oficiales sobre la complicada situación del país: menor crecimiento económico, caída en el consumo, el alza en la inflación, escasa inversión, deterioro del escenario internacional, etc., crece el cierre de empresas, los despidos aumentan o bien, los ingresos de las personas disminuyen.

Se percibe que hay más puestos en las calles de todo tipo, negocios informales, oferta de servicios de casi todo lo que se les ocurra y desde luego la migración de amigos o familiares.

Investigaciones académicas y empíricas, establecen que un crecimiento económico por arriba de su potencial reduce la tasa de desempleo hasta en 0.5 por ciento; después de ese nivel, por cada medio punto adicional se crean hasta un millón de puestos laborales, según las condiciones y el nivel de inversión de cada país.

De forma inversa se puede decir que una economía que no crece por arriba de su potencial como es el caso de México, simplemente no es capaz de producir fuentes de trabajo y que, si esa economía está estancada, o cae, se pierden esas plazas laborales, aumentando la tasa de desempleo y la precariedad laboral.

Hace dos semanas, por ejemplo, las cifras sobre la ocupación y el empleo (ENOE) en México que publica el INEGI, dieron cuenta que en mayo de este año se perdieron unos 518 mil puestos de trabajo, mientras que el jueves pasado datos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) confirman que la situación económica ha propiciado que el número de asegurados perdiera dinamismo.

Datos del propio IMSS sobre asegurados, reportaron que para mayo se habían dado de baja 2 mil 855 trabajadores y para junio, se pudieron dar alta apenas 60 mil 221 nuevas plazas, significa que en los últimos dos meses se crearon 57 mil 366 puestos de trabajo formales de los mas de 200 mil que se requieren o demandan en el país.

La cosa es delicada por donde se analice: datos de INEGI, nos dicen que la tasa de desempleo va en aumento, que crece el número de trabajadores a mayor velocidad en la informalidad, que, en la formalidad, pues si bien la tasa de desempleo oficial y que se festeja cada mes, ronda el 3.3 por ciento —casi el pleno empleo—, la de informalidad es de 55.6 por ciento.

Dicha situación se refleja en los trabajadores con y sin acceso a servicios de salud. En el primer caso, 38.4 por ciento de los trabajadores cuenta con servicio médico, en tanto que 6 de cada 10 personas que laboran, no tienen prestaciones de sanidad. Situación muy peligrosa en medio de una crisis de salud mundial por la pandemia.

No es casualidad que hoy se quiera meter a todos los mexicanos, incluyendo a migrantes a la asistencia médica del INSABI o IMSS – BIENESTAR. Sin embargo, para los especialistas en mercado laboral, esta modalidad es un incentivo perverso, porque fomenta la informalidad.

El trabajador que recurre a la informalidad, deja de buscar un empleo con prestaciones: acceso a un fondo de pensión o AFORE, INFONAVIT para una vivienda, primas: utilidades, aguinaldo, vacaciones, etc.

Pero, la precariedad del trabajo en el largo plazo tiene un costo muy alto para las Finanzas Públicas y para todos los mexicanos que mediante sus impuestos tendrán que cargar con las pensiones y los servicios de salud de la población que vaya envejeciendo.

La pirámide o estructura de la población más reciente (2020) divulgada por INEGI, deja ver que hubo cambios significativos entre 1970 y el 2020, pues mientras que el porcentaje de jóvenes de 0 a 14 años se redujo de 46 a 25%, el de los adultos de 30 a 59 años aumentó de 22 a 38%, significa en que la población envejece a mayor velocidad.

Y significa también que los niños que serán la fuerza laboral más importante en unos años, no tendrán la capacidad de asumir los costos de las pensiones de los adultos, por lo que será el Estado quien se haga cargo de esa responsabilidad.

Otro dato que deja ver la fragilidad del mercado laboral y las condiciones de deterioro es que, para mayo de 2022 más de 41 millones (72%) de los trabajadores ocupados ganaban hasta dos salarios mínimos, cuando en 2018 se reducía a 26 millones (49%) de los empleos.

Hoy menos de un millón de personas de los 57 millones de trabajadores, gana más de 5 salarios mínimos; antes de la pandemia la relación era de 2.4 millones, algo así como el 4.4 por ciento de los trabajadores.

Si se quiere ser más estricto en el análisis del mercado laboral mexicano, se observa que la tasa de “desempleo extendido” se ubica en 14.3 por ciento, es decir, unos 9. 3 millones de personas sin trabajo.

La tasa de “desempleo extendido” incluye a los desocupados más el desempleo disfrazado, es decir, personas disponibles para trabajar pero que no buscan trabajo por que consideran que no tienen posibilidades o simplemente han desistido de buscarlo.

Son personas que ante la falta de oportunidades migran, se enfrentan a la tragedia de morir en el intento por cruzar, como fue el caso del tráiler abandonado en San Antonio Texas el pasado 27 de junio en donde 27 mexicanos murieron. Otro tanto tiene que recurrir al trabajo informal o volverse delincuente.

En contraste en Estados Unidos los empleos sobran, cálculos recientes señalan que existen dos puestos disponibles por cada persona buscando trabajo. Además, hoy los salarios son incluso superiores al mínimo. Se ofertan puestos hasta por 20 dólares la hora en restaurantes de comida rápida o tiendas departamentales y comerciales. 

Maestro y Doctor en Ciencias económicas por el IPN y la Universidad Autónoma Chapingo; es profesor investigador, coautor de los libros: Los depredadores, Plantea, 2017 y Análisis de la Macroeconomía y del Sector Externo de México, Universidad de Humboldt, Alemania; Complutense, Madrid, España, 2018. Ha escrito infinidad de artículos para revistas especializadas, miembro del SNI. Correo electrónico mardur6@hotmail.com